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   ANTROPOLOGIA

Cuento. La zorra, el oso y la cabra

“Iban la zorra y el oso por el bosque, iban pegaítos de jambri, déjate verás. Ahora, vio una cabra que se había enganchao entri unas matas y no podía salir y no paraba decir –“ve, ve, ve”-. Le dici la zorra al osu, -“ahora la tenemus buena”-. La zorra como es muy astuta, ya andaba estudiando lo mejor pa’ella. Mira, le dici al osu –“vamos a coger y a matar la cabra, pero como comprenderás hay que tener arte pa’ partir la cabra, porque si se jacin buenas partis, si no se escuartiza bien, se estropea mucha carne, y no estamos pa’ desperdiciar jarramplo ninguno”-. El osu, como es medio bobón, entró por el aro. Va dondi la cabra, le pega un zarpazo y la mando a tres y cuatru metrus de donde las matas, y la quedó esbarataíta. –“Ay, ay, ay, compadre Juanón, que derrotas a la cabra”-, le decía la zorra –“así no puede ser. ¡Mira lo que has hechu, pingajus pa’qui, pingajus pa’llá, eso no es forma de escuartizarla! ¡Anda, anda, déjame a mí que yo tengo más experiencia en esto!”-. Ahora, venía una bandada de buitres que habian barruntao la carne muerta, y le dici la zorra al osu, -“compadre Juanón, súbete a aquellas peñas pa’espantar a los buitres, que vienen buscando su parti. Súbiti, súbit a las peñas mientras yo escuartizo a la cabra”-. Y el osu, como un bobu, subió a las peñas. Cogi la zorra, y pin pan, escurtiza las paletas, los lomus, los costrillaris, lo mejor de to’. Namas dejó allí la cabeza y las tripas. Cargau con todo lo otru, y saliú que hecha pescu que no se le veía el rabu. El osu abajó corriendu y decía –“aguarda comadre zorra, que coja yo la mi parte”-, y la zorra que diba abajo decía –“el parti y reparti, se queda con la mejor parti”-, la zorra se salió con la suya.

El viento olvidado

 

“Esto pasaba, no, que con el tiempo nadie estamos de acuerdo, porque cada cual pedimos el tiempo, lo que preferimos. El agricultor pide agua, el veraneante pide sol, el otro pide... En fin, que Dios llegó un momento en que se había aburrido de que, claro, todos le pedimos lo que nos va bien. Y Dios, cansado de eso, bajó y le dice a uno, -“tú que me estás molestando todo el año y no estás conforme con nada, este año vas a dirigir tú el clima, o sea, que te lo dejo de tu mano”-. Bueno, pues este siempre decía, -“pues esto está seco, pues voy a pedir agua;cogía y pedia agua y bum, y llovía; pedía nieve, pues nevaba; pedía sol, pues sol. Claro, vino la floración de los granos, pues para las flores un tiempo excelente y para las hierbas. Agua y sol, dice. Pero como con eso nadie está conforme, pues una cosecha de la ostia. El trigo, pues grande, unas espigas largas, pero la fruta nada, como no había na...  Pues ya cansado, cuando se recogen las mieses, baja y dice, -“bueno, ¿qué tal te ha ido este año con el clima?”-, y dice, -“fatal, porque sí, ha habido mucha paja, mucha floración, pero lo demás, nada”-. Y le dice, -“eso para que veas lo difícil que es. Tú te olvidaste de lo más importante. Yo, a veces os mando, no lo que pide uno ni dos, os mando lo que de verdad se necesita, y lo que aquí hace falta lo mando allá. Te olvidaste del viento”-. Y dice, -“¡que razón tienes!, sin el viento no hay polinización ni refrigeración para la fruta, que se pudre todo, ya está, no hay más”-.

 

 

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